Este postre es exquisito, y tan fácil de hacer que impresiona que algo tan simple pueda estar tan bueno. Por no hablar de lo barato que sale hacerlas.

Las gachas son el mejor invento culinario que he realizado últimamente, porque además son sanas y se pueden preparar con antelación.

 

Seguramente se pueden hacer variantes. De momento, os presento la versión clásica pero sin los picatostes, que ya con la harina tenemos bastante.

 

Necesitas:

 

Aceite de oliva virgen (10 cl)

Leche (1 litro)

Harina (100gr)

Azúcar (220 gr)

Canela en rama

Canela en polvo

1 Cáscara de limón

2 cucharadas soperas de matalaúva o anís verde

 

 

Elaboración:

 

En un cazo, echa el aceite y fríe la cáscara de limón y la matalaúva con cuidado de que no se queme esta última.

 

Cuela el aceite y reserva.

 

Mezcla la harina con la mitad del azúcar (110 gr).

 

Pon a calentar 300 ml de leche con la cáscara de limón y la matalaúva fritos.

 

Cuando esté templada, cuela la leche con un colador y vuelve a ponerla en el cazo.

Añade el azúcar mezclada con la harina; dilúyelas en la leche removiendo con una cuchara de palo en sentido contrario a las agujas de un reloj. Reserva.

 

En una cacerola grande, pon el aceite colado, 700 ml de leche, la otra mitad del azúcar y una pizca de sal.

 

Cuando hierva, añade la mezcla del otro cazo y remueve sin parar hasta que empiece a hervir.

 

Viértelas en una fuente grande o en bandejitas más pequeñas individuales y espolvorea con canela.

 

Déjalas enfriar un poco y... ¡que aproveche!

 

¡Espero que os gusten!